← Volver al blog
#humano

Quizás nadie te lo dijo.

Un día me dijeron que era buena en algo. Nunca se me había ocurrido.

15 de abril de 2026

Hace poco me acordé de una situación del último año del colegio. Participé en un proyecto donde teníamos que armar un pitch contando la idea y presentarlo ante un jurado, y un dia practicando como exponerlo una profesora de biología me dijo que yo era buena comunicando, que me expresaba bien para dar ese tipo de presentaciones.

Cuando ella lo dijo, lo sentí ajeno. Sinceramente, no sabía que era buena en eso. No lo supe hasta que ella me lo dijo.

¿Cuántas habilidades estaremos haciendo bien y nadie nunca nos lo dijo?

Decirle a alguien que hace algo bien requiere atención, generosidad, y cierta vulnerabilidad ¿Somos Vulnerables?

Quizás era adolescente y a esa edad uno no suele ser tan detallista con esas cosas. Pero a partir de lo que pasó, traté siempre de resaltar lo bueno que veo en la otra persona. No hablo de cosas grandes. A veces es algo tan simple como decirle a alguien que cuenta bien una anécdota, o que siempre entiende rápido las reglas cuando jugamos a algo.

Esos comentarios parecen pequeños, pero quizás ese es exactamente el tamaño que necesitan tener para llegar.

Un amigo cocinó pizzas caseras un dia cualquiera de verano. Él estudia nutrición, es amante de la cocina, de los ingredientes, de sus composiciones. Hizo la pizza con más amor que vi y que comí. Explicaba el procedimiento con una fuerza que te arrastraba, hablaba de levaduras, de activación, de cada detalle como si fuera lo más importante del mundo, porque para él lo era. Decoró la pizza como un pastelero decora una torta. Cada ingrediente tenía su atención.

Ese día yo fui su subchef, la que no paró de decirle en toda la cena lo increíble que era lo que estaba haciendo. No porque él no lo supiera, él sabe perfectamente lo que quiere: tener su propio restaurante de pizzas. Su objetivo ya estaba ahí. Pero yo no podía dejar que se fuera esa noche sin que entendiera que alguien más veía lo mismo que él. Que yo vi su restaurante. Que vi su forma de ser detallista, de anticipar el primer mordisco, de estar completamente presente en lo que hacía.

Eso aprendí de aquella profesora. Que nombrar lo que ya existe en alguien es uno de los actos más simples y más necesarios que podemos hacer. No te digo que me dediqué a la comunicación a partir de ese día. Creo que es una de las habilidades más difíciles de aprender y de ejecutar. Pero sí aprendí algo: no puedo dejar ir a alguien sin decirle lo que veo en él. No cuando tengo palabras para hacerlo.

L.
← Volver al blog